"A Dios lo que es de Dios"

Jesús les increpará en público, les llamará víboras, corrompidos, ciegos, malos pastores que engañan al pueblo... y esto serán su sentencia de muerte.

Porque Jesús tolera todo menos la mentira ante Dios; no soporta a los que se llaman a sí mismos santos y justos, pero no siguen la Palabra más que para su propio provecho. No los aguanta.

Así que Jesús no ha entrado en la trampa política, no ha dado doctrina sobre la relación de Israel con Roma, sino que ha entrado en la trampa política, no ha dado doctrina sobre la relación de Israel con Roma, sino que ha aprovechado la ocasión para desenmascarar la mala fe de los fariseos, los escribas y los sacerdotes.

Una sociedad, aunque sea de dos personas, tiene que estar ordenada y en relaciones mutuas de dependencia. En ella uno tiene mayor responsabilidad, otra más dependencia; pero todas las relaciones humanas deben surgir del servicio y entrega a los demás. No del dominio.

Ningún ser humano es más que otro ni está por encima del otro. "No llaméis a nadie padre, no llaméis a nadie jefe, no llaméis a nadie señor, porque todos vosotros sois hermanos".

Claro que tiene que haber un orden. Es ridículo pensar que Jesús está en contra de la autoridad. Pero si nos atenemos al evangelio, el primero será quien mejor sirva a los demás. El evangelio, no da pie a una "jerarquía" que signifique literalmente 'poder sagrado'. La única autoridad que admite es el servicio. Jesús mandó pr activa y por pasiva que el superior sirviera al inferior.

La religión de Jesús acaba en los otros, en las necesidades de los hermanos. la religión de todos aquellos fariseos se resume en "yo para mí"; La religión de Jesús se resumen en "yo para los hijos de Dios". La religión de todos aquellos venía a significar: "Soy más importante porque conozco a Dios. La gente es insignificante, es "maldita" porque no conoce a Dios".

PARA REFLEXIONAR...

La única imagen que tenemos de Dios es el ser humano.

Jesús la reflejó con tanta claridad, que pudo decir:

"el que me ve a mí, ve al Padre".


Esta es la tarea fundamental del ser humano: no empañár el espejo y reflejar con nitidez Su imagen.

Si en mí hay algo que impida ver a Dios,

eso es fruto y cosecha mía.


A medida que vaya desprendiéndome de mi "yo",

dejaré ver con más claridad lo que hay de Dios en mí.

A medida que vaya superando el egoismo, irá apareciendo el amor, que es Dios, en mí.

Dios en mí

 

CALLAR O HABLAR

Una de las cosas más difíciles es saber cúando conviene hablar y cuando es mejor callar. Se puede pecar por ambos extremos. Hay un axioma de la Escritura que dice: "En el mucho hablar no faltará pecado" (Libro de los Provervios, 10,19). Pero también se peca por callar, cuando la justicia, la caridad o la oportunidad del momento obligarían a hacerlo. Callar cuando se debe callar, cuando la justicia, la caridad o la oportunidad del momento obligarían a hacerlo. Callar cuando se debe hablar, es como traicionar. Dice un proverbio: "Cuan hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio".

El silencio en algunas ocasiones es muy elocuente, mientras que otras veces es cobarde. Otras veces, callarse es signo de prudencia. Dice el libro del Eclesiastés: "Hay tiempo para hablar y tiempo para callar" (Eclesiastés, 3, 1...). Lo importante y lo difícil, a veces, es saber cuándo una cosa y cuando otra.

Saber hablar o callar a tiempo es un signo de sabiduría. Y la sabiduría no es privilegio de todos. Añado unas frases que no son mías, pero que las apadrino y las asumo:

HABLAR oportunamente es acierto. HABLAR frente al enemigo es civismo.

HABLAR ante una injusticia, es valentía. HABLAR para rectificar es un deber.

HABLAR para defender, es compasión. HABLAR ante un dolor es consolar.

HABLAR para ayudar a otros es caridad. HABLAR con sinceridad es rectitud.

HABLAR de sí mismo es vanidad. HABLAR restituyendo fama, es honradez.

HABLAR aclarando chismes, es estupidez. HABLAR disipando falsos, es de conciencia.

HABLAR de defectos es lastimar. HABLAR debiendo callar, es necedad.

HABLAR por hablar, es tontería. HABLAR de Dios, significa mucho amor.

CALLAR cuando te acusan, es heromismo. CALLAR cuando te insulta es amor.

CALLAR las propias penas, es sacrificio. CALLAR de sí mismo es humildad.

CALLAR miserias humanas, es caridad. CALLAR a tiempo es prudencia.

CALLAR en el dolor, es penitencia. CALLAR palabras inútiles, es virtud.

CALLAR para defendera, es nobleza. CALLAR defectos ajenos es benevolencia.

CALLAR debiendo hablar es cobardía.